Un músico profesional sube al escenario esperando tener una cita (rendez-vous) con la música. Él o ella sabe que la música está allí (siempre está), pero este encuentro depende no sólo del conocimiento sino de una disposición abierta. Debe ser aceptada, reconocida y revelada a los miembros de la audiencia, el primero de los cuales es el músico mismo. Este reconocimiento es la parte del proceso que genera la mayor cantidad de malentendidos (incluso entre los músicos). Se trata de discriminar entre el patrón mecánico, para cambiarlo por gozo; el hábito, por la sorpresa; el fácil virtuosismo, por decir más con menos; la emoción ligera, por verdadera energía; la estasis, por el fluir; la precisión militar, por un pulso táctil. Es un intento, una y otra vez, de revelar el corazón de las cosas. Los únicos estándares que vale la pena compartir son los más altos.
Keith Jarret, pianista norteamericano.
(via vinosvenezuela)
Es el deber ser de cuando escoges la profesion de músico.